Ana Gorría

fotoana

Fotografía de Carmen Lafuente

Ana Gorría nació en Barcelona en 1979, aunque vive en Madrid desde su infancia. Ha publicado los textos Clepsidra (Córdoba, Plurabelle, 2004), Araña, en colaboración con la pintora Pepa Cobo y el compositor Juan Gómez Espinosa (Almería, El gaviero ediciones, 2005), De lo real y su contrario (Granada, Vitolas del Anaïs, 2007) y El presente desnudo (Santiago de Chile, Cuadro de tiza ediciones, 2011) y La soledad de las formas (Cantabria, Sol y sombra poesía, 2013). Como traductora es responsable de distintas versiones de la poesía inglesa y gallega. En el ámbito plástico ha desarrollado el proyecto expositivo Gesto sin fin para el Museo de América. En la actualidad, explora los límites entre la imagen y la acción.

Publicamos un texto de Ana Gorría que se debate entre lo gráfico o la escena lirica con música. En todo caso, es algo muy personal que nace en una zona de indefinición:

El espacio se parece al gran pistilo de una flor. Las figuras de la anterior escena, tienen un halo como si fueran fuego frente al espacio de cristal en el que parece que se mueven. Se encuentran en el centro. Una sombra, que podría ser la de un cuerpo masculino hace de suelo sobre el que se mueven las figuras. El sol negro de la anterior secuencia se va deslizando en el horizonte de las páginas. Son como fuegos fatuos, y dejan una estela al moverse. La sombra, en cambio, es compacta y se mueve indeterminadamente.

Voz 1: Hemos venido solas a este centro.
Voz 2: casi desnudas
Voz 1: pero casi estamos abrigadas por el calor del sol
Voz 2: He aprendido a soñarme sobre su desnudez. Vengo sobre sus ojos en las puertas abiertas, soñaré.
Voz 1: Mientras el sol sea negro
Voz 2: ¿escuchas esa voz?
Ondas aparecen en la página. La sombra masculina se mueve bajo los pies de las mujeres. Su halo ígneo se agita. El de ellas.
Voz 1: Construiré un tú
Voz 2: Ellos sobre la piel, seremos paseantes sobre su soledad. Abrimos el espacio vacío de otra lengua
Voz 1: ¿nativas expulsadas de este idioma?
Voz 2: Sorprendidas, las idas, parecemos
Voz1: Hemos
El sol negro se alinea con la sombra masculina
Voz 1: sido las lenguas de la imagen, los sueños ateridos, el frío
Voz 2: seremos aftas, en cambio
Voz 1: Sin embargo, parecemos flores de otro invierno. Su imagen en la otra orilla limpia las cornisas del hambre, la agitación
El sol negro se extiende. La sombra se inclina hacia uno de los lados de la página y va girando como las manecillas del reloj cuyo centro son las dos figuras femeninas en el centro de la página.
Voz 1: acudes desde el fondo del pasillo, la soledad florece en este centro como un árbol en flor
Voz 2: la llama en flor se extiende lentamente entre el vientre y mi lengua, soñaré como un parto que se quiebra infinito sobre el abismo exhausto de la imaginación
Desde el centro del pistilo surge agua
Voz 1: Jamás soñó tu vientre su presencia, soñamos y lentamente permanece su olor sobre el costado
Voz 2: mi lengua es sol
Voz 1: edad
Voz 2: y sin embargo márgenes exhaustos, seremos pasajeros de las líneas que cortan nuestra lengua y que solo dibujarán cristales en el centro inexacto de tus ojos
Voz 1: y sin embargo somos apariencia entrañada
Voz 2: ruinas impares, lenguas de otro invierno, aparecemos y desparecemos, vertiginosos, rápidos, siempre como imágenes que lentamente vuelan sin decir nada
Voz 1: decir, y sin embargo amo el ruido del animal que solo oiré en tu voz
Voz 2: es un dibujo
Voz 1: en el perfil del cuerpo rozamos nuestras voces que son la desnudez triunfal del ánima
Voz 2: miramos pero somos miradas por el que mira, vértice de sí mismo contra una pared gris, los hombres solos, las mujeres solas las que marchan en su distancia larga
Voz 1: moriremos
Voz 2: arderemos
Voz 1 y 2: amor

Las dos figuras suben un grado de intensidad en su color. La sombra decrece lentamente tras haber llegado lentamente al extremo del reloj que supone la página.

Voz 1: las lenguas
Voz 2: la verdad
Voz 1: la verdad solo late en el cuerpo, el cuerpo es voz, el pasajero incierto entre tu soledad y mi soledad. No somos transparentes, habitamos el diminuto aliento, perseguimos como linces en celo
Voz 2: marchamos más allá de la pregunta
Voz 1: sorprenderemos nuestro propio deseo en la palabra, el vértigo, la piel que nos recorre en la mirada y sin embargo siempre te encontré
Voz 2: no mirarás
Voz 1: siempre serán imágenes

El espacio se va lentamente haciendo más transparente, mientras la sombra masculina se mueve haciéndose más pequeña

Voz 1: nuestro tono que siempre ha sido otro, otra será mi voz, otro mi idioma
Voz 2: el canto de los cantos está fuera del tiempo, Messiaen
Voz 1: Y sin embargo, la naturaleza le pide la palabra a la historia
Voz 1: en ausencia de símbolos
Voz 2: la voz en su mediana incandescencia
Voz 1: así la lejanía
Voz 2: leve espiral de sol, el vientre, el llanto, tú
Voz 1: decir es lo que duele
Voz 2: decir
Voz 1: viviremos en el borde del canto, soñaremos, horadadas y plenas, la vigilia en el extremo mismo del costado, siempre es la piel de nuevo o
Voz 2: el cuerpo que se duerme
Voz 1: en el rumor del pájaro no es esta voz
Voz 2: no es este tono
Voz 1: lejos se agrupan, límites, sueños, islas
Voz 1: somos lo que nos ciega
Voz 2: Pasarán sin embargo, los límites, las torpes
Voz 1: avenidas sin dueño sobre el telón del ojo
Voz 2: del sonido en la piel, las torpes transparencias.
Voz 1: moriremos
Voz 2: arderemos
Voz 1 y 2: amor.

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