Cristina Grande

Foto de Marcos Cebrián

Cristina Grande Marcellán (Lanaja, 1962). Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Zaragoza. Autora de los libros de relatos La novia parapente; Dirección noche, con el que fue finalista del Premio Setenil en 2006, y Tejidos y novedades. Fue nombrada Nuevo Talento Fnac por su novela Naturaleza infiel. Agua quieta, Lo breve, y Flores de calabaza reúnen selecciones de sus columnas publicadas en Heraldo de Aragón, donde colabora semanalmente desde 2002.

 

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A continuación ofrecemos un texto inédito de Cristina Grande: “Muchas vueltas”:

 

 

La vida da muchas vueltas, como las lavadoras. Cuando era pequeña me quedaba hipnotizada viendo cómo giraba el tambor de acero inoxidable. Del bolsillo de un pantalón vaquero me ha salido un billete arrugado de 50 euros. No sé si es por despiste o es que me parece feo registrar los bolsillos antes de poner a lavar la ropa, el caso es que siempre sale algo. Con los 50 euros he comprado un bolsón enorme con muchos bolsillos. He puesto dentro todo lo que llevaba en el bolso anterior, pero con más orden. El pasaporte y la cartilla del banco en el bolsillo más interior. Las llaves de mi casa y de la casa de mi madre en un monedero que va enganchado con una cuerda en una esquina del fondo. La tarjeta del bus y el móvil en los bolsillos exteriores. Y aún me ha quedado sitio para la cámara de fotos, las gafas, un pequeño neceser con lo más imprescindible, e incluso para el ordenador en un momento dado. Lo he comprobado cuando mis amigas me han llamado para intercambiarnos las fotos del viaje que hicimos juntas a Estambul. He bajado con el ordenador en el bolso a un bar cercano a mi casa.

Mientras veíamos las fotos, nuestros móviles no han parado de sonar. Pero no por ello hemos perdido el hilo de la conversación. Marcia recordaba algunas fotos que yo había hecho desde el avión y que no aparecían en el archivo correspondiente. La explicación que se me ha ocurrido es que al descargarlas las mandase a archivos equivocados. Ha sido así como hemos acabado viendo las fotos de mi infancia, diapositivas que mandé escanear hace un par de años, cuando mi hermana ya estaba muy enferma. Algunas de las imágenes son del día de mi comunión. Los tres hermanos aparecemos juntos todo el rato, mi hermano y yo un poco más juntos si acaso. Mi hermana siempre un poco apartada, más mayor, más seria. Y yo con mis ojeras de siempre y mi sonrisa apretada, siempre anticipando las desgracias. He visto que mis amigas se entristecían por mí. Fingiendo una gran naturalidad he cerrado el ordenador, bajando con suavidad la tapa. Nos hemos puesto a fumar y yo he pedido tres gin tonics, aunque todavía no fuesen las cinco de la tarde. He recordado que mi tía Aurora suele decirme que el gin tonic produce melancolía, y me lo he bebido muy deprisa, casi en dos tragos.

Al salir del bar, nos hemos abrazado las tres. Nos ha entrado la risa floja y yo he notado que una esquina del ordenador se me estaba clavando en un costado.

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