Crónicas de Cosmopoética, por Ricardo Clemente

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Alice Oswald

Ricardo Clemente nos envía estas dos noticias de Cosmopoética:

Sesión inaugural. Lectura de Clara Janés y Alice Oswald. 3 de octubre. Teatro Góngora.

Cosmopoética, varios días después de que comenzaran las actividades, dio por comenzado el ciclo. Compartieron mesa y espacio Clara Janés, una de las voces más singulares y divergentes de nuestra lírica, y la no menos grande poeta inglesa, Alice Oswald.

Resulta difícil de entender que nos fueran presentadas una al lado de la otra y que no se estableciera diálogo entre ellas, ni quedara muy claro por qué debían turnarse. No obstante este error de consideración hacia su categoría indiscutible de solistas de la poesía (pues ambas habrían requerido una presencia exclusiva y por separado), nos dispusimos a disfrutar de sus versos.

Clara Janés en este año 2015 ha vivido importantes acontecimientos en su trayectoria profesional, con la incorporación a la RAE, y con la aparición en Galaxia Gutemberg de una antología de su obra. Este es un buen momento para leer Lapidario, Fósiles, Vivir, Orbes del Sueño. Así como sus traducciones del checo, especialmente Dolor, de Vladimir Holan.

Clara Janés comenzó evocando a Pablo García Baena y su habilidad con los tapices y belenes, para pasar a leer poemas que se paseaban por Córdoba. Ese fue un primer bloque, con “Salmo del tapiz” y “Santa Teresa en la Mezquita”. A continuación repasó poemas que dejaron patente su inquietud exploratoria. Ahora era la ciencia y la posibilidad de recorrido lírico de la misma en el poemario Orbes del sueño. Sor Juana Inés de la Cruz y las teorías científicas para realizar una exploración mística de la esfera de la razón y su plasticidad distinta.

Complementó esta lectura con un repaso al experimentalismo de Ψ o el Jardín de las Delicias. Confesó que este poemario lo redactó en cuatro días y medio, en un ejercicio de escritura automática, casi inconsciente. Poemas complicados, abstraccionismo poético, en que se funden referencias en un collage barroco.

A continuación se nos presentó a Alice Oswald. Los lectores españoles pueden introducirse en su obra a través de la traducción que Pre-Textos ha realizado de Woods, etc., que en castellano pasa a ser Bosques, etc. Pudimos escuchar los versos de “Hymn to Iris”, “Song of a Stone”, “Head of dandelion”, y el largo poema épico, “Memorial”.

Alice Oswald se colocó en pie junto al atril del escenario, con las manos atrás, como si fuera a iniciar la carrera, en la pose de una saltadora olímpica y sin papel alguno fue declamando con voz clara todos y cada uno de los versos. Los tres primeros poemas corresponden a Woods, y desarrollan una lírica sensorial, altamente eufónica, que se apoya en la alegoría vegetal como pretexto de exploración psicológica (que no psicologista). Por último, “Memorial” nos sorprendió con un relato épico al estilo homérico, en un experimento lleno de riesgo y de originalidad.

Felicidades a la organización por traernos hasta Córboda a estas dos poetas. Todo un lujo.

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Clara Janés

COSMOPOÉTICA 2015. Elvira Sastre y Adriana Moragues. 3 de octubre. Teatro Góngora.

Una vez finalizado el magnífico recital de Clara Janés y de Alice Oswald, salimos a la calle donde nos topamos con una sorpresa: había una larga cola. La calle adyacente estaba repleta de muy jóvenes aficionados al nuevo fenómeno, la poesía comercial cuyo epicentro podríamos localizar en el madrileño Aleatorio Bar. Las actividades de este cada vez mayor colectivo se extienden por toda España con la celebración de lecturas y actuaciones bajo el epígrafe de Jam de Poesía.

Elvira Sastre y Adriana Moragues son paradigma de esto mismo, de una poesía de gran sencillez estilística, confesional, apoyada en anáforas, elementales metáforas y juegos de palabras para hacer relato de la vida privada de una chica de hoy en día. Junto a ellas, hay otros fenómenos semejantes, Marwan, Diego Ojeda, Carlos Salem, y algunos otros que están vendiendo una cantidad inusitada de libros de versos.

Su puesta en escena, no por desnuda, es menos elaborada. Se presentan como lo hacían los cantautores de los setenta, apoyadas en una silla alta, frente al pie del micrófono. Elvira lee sus versos y Adriana toca la guitarra y canta. Mientras Elvira lee, Adriana combina tres acordes, como sucede en los temas pop y rock, luego toma su turno y canta un tema melódico.

Elvira altera las entonaciones en las frases, para darles un giro que dé cierta aura a un mensaje muy sencillo en lo formal y en lo lírico. Es poesía chewing gum, que habla con llaneza de amores y desamores, de la primera sexualidad, de la amistad, de la socialización juvenil. Esta temática, claro está, conecta con eficacia con su público. Se deja notar en el runrún de aprobación de cada línea leída, en las ovaciones al final de cada pieza tocada y cantada por Adriana, incluso en los diálogos que ambas tienen entre tema y tema. Hablan de cosas corrientes: la sinceridad, el amor, los amigos y amigas, los grupos, la melancolía, la ocasional soledad, la sexualidad, la timidez, el descaro. Ahí se ve que forman un dúo que se complementa muy bien. Son estrellas pop, que han realizado una esforzada y concienzuda defensa de su obra bar a bar, librería a librería, para desembocar en el actual estado de éxito. Nos enseñan cómo debe llevarse a cabo una promoción y cómo deben buscarse los lugares donde conectar con el público. Al igual que ocurre en el pop han comprendido que no sólo venden sus textos o sus canciones, sino que el producto son ellas mismas. Es fácil constatarlo al contemplarlas de forma directa en el escenario, el modo en que encarnan un rol que podrían imitar sus seguidoras y seguidores.

Hasta hace poco todos creíamos que se perdía dinero con la poesía. Aquí tenemos el ejemplo de que se puede ganar en cantidades muy razonables. En eso han estado rápidos quienes entendieron que aquella mítica venta del libro de Joaquín Sabina, Ciento volando de catorce, escondía potencial para un nuevo posicionamiento en el género poético, los cantautores que oscilan entre lo musical y la poesía. Marwan, Luis Ramiro y estas jóvenes lo confirman.

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Elvira Sastre y Adriana Moragues

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