Eloy Sánchez Rosillo

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(Fotografía de Juan Ballester)

Eloy Sánchez Rosillo nació en Murcia, el 24 de junio de 1948. Es profesor de literatura española en la universidad de su ciudad natal. Ha publicado diez libros de poemas: Maneras de estar solo (Madrid, 1978, Premio Adonais 1977), Páginas de un diario (Barcelona, 1981), Elegías (Madrid, 1984), Autorretratos (Barcelona, 1989), La vida (Barcelona, 1996), La certeza (Barcelona, 2005, Premio Nacional de la Crítica), Oír la luz (Barcelona, 2008), Sueño del origen (Barcelona, 2011), Antes del nombre (Barcelona, 2013) y el aún muy reciente Quién lo diría (Barcelona, 2015). Los cinco primeros, corregidos y en edición definitiva, están reunidos hoy en Las cosas como fueron. Poesía completa, 1974-2003 (Tusquets, 2004), y los cinco últimos han ido apareciendo también en Tusquets Editores, en las fechas indicadas. Hay antologías de su obra en las editoriales Renacimiento (2006), Pre-Textos (2012) y Cátedra (2014).

Incluimos a continuación tres poemas de Quién lo diría, Tusquets Editores, 2015:

UN VASO DE AGUA

Qué suceso increíble:
llené un vaso de agua y lo alcé hasta mi boca.
Era ya media tarde. Me había detenido
cerca de una ventana, aquí, en mi casa,
en este día tan claro de febrero.
Llegó el vaso a mis labios
y en ese mismo instante lo atravesó de pronto
un haz muy apretado y muy intenso
de luz del sol poniente.
Cuántos asombros. Todo rompió a arder
con lumbre limpia y mágica:
el agua y el cristal, el cuarto entero,
mis ojos y mis manos y mi vida.
Sin dar ni un solo paso estuve en todas partes.
No sé cómo decir lo que ocurrió,
cómo expresar que sucedieron siglos
de redención y bienaventuranza.
Oro licuado y tembloroso el mundo,
astilla viva yo de un súbito diamante.

VISIÓN EN LA MAÑANA

Después de muchos años,
pasé en un autobús hoy por la puerta
de mi casa de niño, mientras iba
a algún otro lugar de la ciudad.
La casa sigue en pie, con su aspecto de entonces,
aunque desvencijada y ya sin nadie.
Unos momentos sólo
tuve para mirarla, y entreví
a mi madre que, aún joven, salía sonriente
de ese portal, conmigo de la mano,
hacia un día del mundo.
El sol de la mañana cayó sobre nosotros
y luego nos borramos en la luz.

LA LLOVIZNA

Estar allí otra vez, en la mañana
de principios de junio,
andando de tu mano
por la gran plaza, en la que cae ahora
una leve llovizna.
Se desplazan solemnes por el cielo
las grandes nubes, y de pronto se abre
aquí y allá algún claro de oro vívido
en la vieja ciudad de las alturas.
Vienen y van las gentes
de sus quehaceres hacia sus asuntos
y no nos ven siquiera.
A nuestro lado indiferentes pasan;
qué saben de prodigios.
Bajo el paraguas gira nuestro mundo,
solamente por ti y por mí habitado.
Estar allí de nuevo,
en la mañana aquella.
Tus labios rojos en el aire gris,
y, entre risas, tus ojos que en lo oscuro
reflejan un relámpago.

 

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