Miguel Ángel Curiel

Bilbao Pte. Constitucion 2014 001

Miguel Ángel Curiel nace el 31 de marzo de 1966 en Korbach, Alemania. En el año 2000 obtiene el accesit del premio Adonais de poesía con el libro El verano. Durante 2009 y 2010 vivió en Roma, en la Academia de España al serle otorgada la Beca Valle Inclán de escritura. En el año 2013 reunió sus últimos diez años de escritura poética en el libro El agua, donde se recogían los libros Por efecto de las aguas, Los sumergidos y Hacer hielo. Ademas de su obra poética trabaja desde hace años en el libro Luminarias, libro de fragmentos, aforismos y otros textos fuera de los géneros convencionales. La primera parte de Luminarias primera parte salió publicada en el 2012 en la editorial Amargord, de Madrid, y en breve saldrán la segunda parte en la misma editorial. En 2015 publica el libro de poemas Astillas, en la editorial Calambur de Madrid.

Blog personal del autor

Ofrecemos a continuación una muestra de poemas inéditos de Miguel Ángel Curiel:

PASEOS DE OCTUBRE
(Llevo música por si me pierdo,
mis huesos por si hiciera lumbre,
y mi vida para que gire)

Si respiro más lento que los olmos
ya no tendré hambre,
o les llevo mis pensamientos
que a veces son ligeros
como sombras de nubes
quedaré más desnudo que ellos.

Paja que quemo para ayudar a la luz.

Era así como iba a vencer,
golpeando con estos haces de luz un hierro.

Parecía destinado a pasar una reja por la hierba
o a rastrillar los sueños de otros muertos.

Al menos si he trenzado estas hierbas
al destino dedicando parte del día a lo inútil
antes de que se sequen…

DISCURSO DEL NADADOR
“Vas a hablar con M. Yo no volveré a tener jamás esa alegría. Cuando le hables de mí, hazlo como si hablaras
de alguien que ha muerto”
Franz Kafka

DE noche el río es negro, lava las estrellas, The unremitting voice of nichttly streams, sin cola los coletazos de peces celestes, wem sonst als dir? La noche se voltea en su oscuridad, y día da vueltas en el agua. El río en el que nací me olvida si lo nado. La cabeza es lo primero que se duerme y lo último que muere en el nadador. No se oyen las grandes palabras, en ninguna boca se limpian. Sé que pasáis cerca del mi como pájaros lilas hacia el fuego. La muerte escribe despacio en un verso de otro, una ilusión tras otra hasta la desilusión y escarba escorrentías antes de moldear nubes. Hablé ante nadie, wem sonst als dir? Los largos silencios son para el sol. Lo que dije no importa, palabras deslavazadas o demasiado sucias. Debió sonar bien proclamado en una lengua láctea. Ante nadie hablé, de pie se dice la verdad. Dije, –el ojo es un camino, rodar el sol, y el mundo que se cierra y se abre como un erizo de claridad.

Nadar es olvidar.

Hacia una luz o una puerta de agua nadé.

Perdido en el agua entre hojas negras y pájaros muertos, con el ojo lleno de extinciones. Que el eco de la vida sea nadar y nadar el eco de nadar por el aire.

Nadar es olvidar y así nadé con la bailarina de San Raffaelle Turro donde o uomo sconciato come una fossa in te is lavano le mani i servi… La bailarina que choca contra el cristal de la alegría negra. Echa cal al sol. Iluminación de ojos perdidos en las distancias. Es el mas redondo de los ojos, manca l`erba che si maraviglia troppo e il sole che altissimo nuoce… Contra el muro blanco del agua se destrozan mis palabras y su polvo se ilumina en el cristal que traspasa el ángel o la sombra. Dios calcinado, danzas sobre cristales rotos o en el espacio del dolor de los otros. Las chispas negras, el ángel subterráneo era una foglia libera nel vento e tu ragazzo che me hai visto caderemi hai presa per un pantano…Ventanas para ojos de fuego, humo de estrellas, y si cierro los ojos veo un delfín celeste. Cucarachas blancas comiéndose una cabeza de sol.

Lo que no se ve nos lleva a lo que se ve.

FUENTE DE POLVO
“Tief unten lässt das Mühlrad
Herz und Hirn erschauern”
Thomas Bernhard

EL día va hacia la lluvia,
el día da vueltas.
Trozo de… de lo que no se pude
trocear un cachito.
Un trocito de palabra,
-reconstrúyela-, dásela a dios
y se yesca en la mano de alguien.
Chispazos de piedras en la noche.
Palos muy secos y chasquidos de guijarros.
Ser lo que va a prender, o un yo con lepra.
-Hay que inventar de nuevo
esa palabra descarnada-
Esas nubes que desentraño me entrañan.
Si tuvieran ojos serían los míos.
Aunque miraran de otra manera
lo que yo veo, ellas deberían entrañarlo.
Nubes de la apoplejía
cargadas de ti, arrastrándose
se desentrañan de ti.
Es humano entrar
y salir del cuerpo.
La fuente del gallo atómico,
sin grifo, sin agua,
escupe polvo.

INVERNALES
RÍO que me disuelve en la niebla
y me llama en la noche.

El río en el que volé.
Charcos de infinito
-sólo un poco de agua
suspendida en la serenidad
de los cielos atormentados-

y los ojos eligen mirar hacia abajo.

Tallos de sombra
para el que cultiva la luz.

Ser la hoja que cae
del sueño a la muerte.

Nieve, sueños,
nieve, sueños.
Cubre y se desvanece,
Vuelve a cubrirlos
y se desvanecen
los sueños y la nieve.
Lo que se lleva es lo que trae.
Sueños y nieve.

ECO DE PÁJAROS
“Su claridad nunca es escurecida,
Y sé que toda luz della es venida,
Aunque es de noche”
San Juan de la Cruz

PULMONES que son pájaros negros, casi puedo volar con la voz, y ese casi es el todo. Corría delante de perros negros con alas de papel que se quemaban sobre mi. Míralos en el cielo mientras corro hacia el sol, Up! Up! and drink the sprit breathed from dead men to their Kind… La memoria es lenta, para eso entraba en Mahler, sus fugas fluyendo de la hierba negra como ocho manantiales de aire. Escribo nombres de enfermedades que ayuden a vivir, pero ya no tenemos eco, sólo costras de sal negra, costras de unos en otros, nuestras palabras son sal sobre sal, cencelladas de escamas de pena blanca. La voz amarilla que se arrastra mientras el melgajo vuela hacia la ciudad. Me voy al aire, a la casita del aire que sostengo con miedo y me meto en ella a dormir. Así sopeso el humo y el anhelo, y el aire que ayuda al anhelo y al humo a entrar otra vez en el cuerpo, mientras allí abajo hay diques de paja para la luz. En el vuelo del melgajo oigo la arena de las estrellas. Está hueco y se oye la noche en su ja-ja-ja; así suenan sus alas hasta que se disipa en las cimas. Me comí sus vísceras, dejé hueco a la luz y cabía en el. Si el melgajo vuela hacia atrás y boca arriba no hay sombra del pájaro en la voz ni en la nieve. Nunca canta en el bodybag el muerto, -en otra palabra no cabría este cuerpo- Guantes dentro de los zapatos y la voz dentro de las agujas. Nieve en las cimas, llanos de aire. Que frío es todo, lo único caliente es la nieve de las cimas donde te pisa el caballo. Arden las manos y los pies. Calidez de la bombilla, luz tan antigua que siempre será nueva, no como la lumbre que vive de nuestro resquemor.

HIERBA NEGRA
TE arrancas, nunca terminas de arrancarte.
Tallo a tallo, son iguales

Se lo arrancas a esta voz que escribe en el aire
con palabras inconclusas o rotas,
y escribe en esferas a la muerte
rodeándola antes de empañar el sol
condolence letters acussé de receptión

o el pájaro en medio del océano,
al posarse en el agua se desposa del aire.
Se quema volando y se lo come la noche…

Imaginas lo inmenso gracias al charran
y al papialbo, que con su canto inaudito
en medio del mar…

Carámbanos que me implantaría
y así arder.

Calor de pájaro muerto
mientras se enfría el sol.

Pastilla de mano,
estrellita que me ilumina.

Ellas, las otras
me disuelven en su luz.

Sólo la boca de la estrella vieja
dice mi nombre de pila, rayón ilegible.
¿Ves el nudo del nombre
en la línea que la muerte tensa?

Niebla en la que ardo.
Si fuera negra
como la luz en las hierbas secas.

CUEVA
Entré en la cueva y salí de mi. Utero mundis– Ahora no hablo yo, es ella. Estrella que cae allí– y allí eso, nada. Lugar sin nombre. Ese eso confunde al aire negro, es la estrellita fea del dolor que se quema allí– subrepticiamente no quiero escribirlo y herir al mundo con otro nombre, otro Heimlich– ¿Debo pastorear a los lobos, darles nombre y así haya aquiescencia en el mundo mientras sobre la cabeza del derviche gira el cielo? La horquilla de avellano del zahorí no arde en el fuego. Nieve o sal? ¡Dos versos! Una vez él pasó por aquí. Desde entonces la muchacha aún ríe en la nieve. ¿O es la sal? Ahora levanta polvo el caminante quieto y los patos vuelan hacia los campos segados. Sube el aire azul al cielo blanco. Me convertiré en sal si todo deja de balancearse. Alguien esparce cal en el cielo y al ir a cangrejos voy cantando, -mis caballeros del cieno y las nubes, las cinco nasas con los cien caballeros del cieno-, y atravieso cantando un campo segado hacia el agua: Du verstehst mich nicht, und schlaf neben mir, sei ruhig muss trauren. Y el sol –al fin y al cabo- no tiene prisa, gira rápido para que todo lo demás vaya despacio.

UMBRAL
“Von/ Sternbild des Hundes… von/Hellstern darin…”
Paul Celan
“¿Y tú en qué espacio quieres vivir?”
Ósip Mandelstan

ES pronto para salir, la estrella tizna el cielo y el gallo arde en la uva azul. Es pronto, acaricio el cielo y la estrella tizna tu frente. Pesan mas los días por el liviano odio que por el hierro, -en sueños carros cargados de nieve- En las brasas hay un nombre, quien las remueve termina hablándole de tu a tu a la muerte. El sol me llama. Aschenes, y esta ilegibilidad inmediata, es también el recurso que le permite bendecir (quizá, sólo quizá), que le permite dar, dar para pensar, dar para pesar el llevar sobre sí, dar para leer, que le permite hablar (quizá, sólo quizá)… Te hablo a ti que te desperezas de la muerte rayando en un vidrio una palabra oscura, Aschenes. Te hablo a ti. Beben ginebra bajo el sol. Nieva y aún en este mundo cortan lilas para ofrecérselas al silencio. Es la hora en la que los ángeles trocean el pan para los lobos. Ni siquiera el frío es triste para el frío, para el frío sólo es triste el frío. Ahora sé breve como la semilla. ¿Quién se abraza si no es el ángel al espectro? Larga sombra del álamo hasta una puerta azul. Escribo en el polvo, creció la semilla bajo tu pie. La estrella marcó la hondonada y aquí dicen que las ondas de las piedras en el agua son los sueños del agua. Cada uno arroja vuelo al aire. La puerta y el ave, el pozo y la lluvia. Oigo las alas de una voz negra mientras crece en mi mano la perla del silencio. Cierro los ojos y veo puertas blancas y paredes negras que ha pintado así un ángel por desprecio.

FINALES DE ENERO
OTRA vez el sisear
de la nieve.
Caspa,
Schuppen
de una cabeza que se lava
con nieve los sueños.

Cae la una en la otra,
Schuppen sobre caspa…

(República Van Gogh, inédito)

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