Sergio Gaspar. Uno y Cero Ediciones

Sergio Gaspar nació en 1954 en Checa, provincia de Guadalajara. Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona y trabaja como profesor de lengua castellana y literatura en el instituto Poeta Maragall de la ciudad de Barcelona.

Ha publicado los libros de poesía Revisión de mi naturaleza (1988), Aben Razin (1991), El caballo en su muro, libro acompañado y acompañando a las pinturas de Ramón Zurriarrain, y que resucita, revisada, una parte de Revisión de mi naturaleza (2004) y Estancia (2009), libro cuya segunda edición aparece ahora en formato digital en Uno y Cero Ediciones. Entre otras, su obra poética se recoge en las antologías Poesia espanhola de agora de Joaquim Manuel Magalhâes (1997) y Por vivir aquí de Manuel Rico (2003).

Fundó en 1996, junto a Maria Fortuny, la editorial DVD Ediciones, aventura que dirigió hasta su cierre en el otoño de 2011, tras haber publicado más de doscientos títulos de poesía, narrativa y ensayo.

El poeta Juan Andrés García Román tuvo la amabilidad de escribir la contracubierta de la edición de Estancia de 2009. Entresacamos de ella una posible descripción del libro: “Así es como en los singulares capítulos de este libro la seducción ibérica del asesinato en la armónica mente de Wallace Stevens, la oscura sexualidad embutida en cuero en un afuera de cualquier ciudad española o el duelo por la madre muerta, en el que se desatan a un tiempo belleza y pérdida, pulsiones de tragedia griega –edípicas y parricidas-, se comportan como mesetas, enunciados o estancias que ‘están’ en el tiempo suspendidas sin necesitarse las unas a las otras, pero al mismo tiempo sin saberse ni quererse diferenciar del todo.”

Otras descripciones de Estancia serían igualmente posibles, complementarias o tal vez contradictorias. Entre ellas, ésta del propio Sergio Gaspar imaginada durante una entrevista con la poeta Marta Agudo: “Nuestras sociedades occidentales protomodernas, modernas y sobre todo posmodernas, nos han prometido la felicidad asociándola a la satisfacción de nuestros deseos. Simultáneamente, nos han seguido negando y prohibiendo la satisfacción de ciertos deseos e, incluso en ocasiones, su mera representación. No podía ser de otra forma: una sociedad en la que todos cumpliesen sus deseos y todo deseo pudiese cumplirse sería insoportable. En Estancia abordo algunos de estos ámbitos del deseo conflictivo, en lo personal y en lo social. Abro el libro con la relación paterno-filial: ¿deseamos los hijos la vida y la muerte de nuestros padres?, ¿tememos que los padres no deseen nuestras vidas?, ¿hemos aprendido plenamente, sin zonas oscuras, a aceptar la vida de quienes nos han creado?, ¿no representan un estorbo para nuestra felicidad?, ¿nos duele su muerte porque essuya o porque es nuestra, es decir, la lectura del prólogo de nuestra propia vejez, degradación y desaparición? Son algunas cuestiones turbadoras, como las que surgen en la segunda parte del libro, “Un día con Stevens”, en la que constato una evidencia: muchos adultos desean eróticamente a los niños. Basta con visitar las páginas sexuales de internet o escuchar las noticias de detenciones de pedófilos, que forman parte de nuestra cotidianidad informativa. Yo intuyo que la prohibición de la pedofilia se relaciona íntimamente con el rechazo del incesto. En la tercera parte del libro, me adentro en la pornografía, en especial en el deseo sádico y masoquista, y en su confusión. En la cuarta parte, en ese texto juguetón y travesti que mencionaba antes, se dan unas pinceladas sobre el deseo de escribir bien, entendiendo por buena escritura la escritura útil para que el otro te desee. Si al escribir añades algunas palabras y suprimes otras, ¿no será porque deseas cautivar al otro? Sin esa otredad, ¿te pensarías lo que añades o eliminarías algo…? ”

Sin el deseo del otro, no escribiríamos. Y escribir sirve para comprender que el otro no nos desea. Fin de ninguna cita.

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