Ángel López García-Molins, Doctor Honoris Causa de la UNED

(Fotografía realizada por Emilio Ruiz)

El profesor Ángel López García-Molins, autor de España contra el Estado -recientemente publicado en papel por Renacimiento-, y de Un sueño plurilingüe para España, ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), junto al profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Bolonia, Giuseppe de Vergottini. El acto se celebró el 31 de enero en el salón de actos de la Uned. Antonio Domínguez Rey apadrinó al nuevo DHC y leyó una interesante laudatio, de la que copiamos un fragmento:

 

López García manifiesta que no hay en nuestro país una política lingüística auténtica. Este capítulo se transfirió a Comunidades Autónomas, pero la Constitución de 1978 no especifica de qué lenguas diferentes del español se está hablando. Registra la condición de oficiales, pero tampoco incluye “el deber de conocerlas”. Por otra parte, la oposición entre lengua propia y lengua oficial, el español, le parece absurda. El gallego fue la primera lengua culta de los romances y es puente entre español y portugués. El catalán figuró como primer idioma internacional con la Corona de Aragón. El vasco se extendió también por la zona aragonesa y llegó probablemente hasta el Mediterráneo. Es decir, España cuenta con un trasfondo cultural histórico enorme (…).

Es necesaria una política lingüística que sepa rentabilizar esta riqueza histórica en Europa, América y otros países favorables a la recepción del español como lengua de convivencia y transmisión de cultura.

Es un orgullo profesional haber incorporado a Ángel López a la UNED como profesor del Máster Ciencia del Lenguaje y Lingüística Hispánica, los dos dominios principales de su dedicación académica. Resumen el periplo de su pasión investigadora y pedagógica por Europa, Asia y América. Un prodigio de referencias, relaciones nacionales e internacionales, proyectos, publicaciones. Y la UNED lo reconoce hoy no sólo como “gramático de gramáticos”, sino además como profesor eximio (…) otorgándole el título de Doctor Honoris Causa.

 

Entresacamos a continuación algunos párrafos del discurso de Ángel López García-Molins:

 

No crean que estoy escurriendo el bulto, me propongo hablar también de lo que pasa hoy en día. Pero estos prolegómenos me parecían necesarios porque no se puede construir nada sobre bases movedizas, y el supuesto de que el español ha sido impuesto a las regiones bilingües a la fuerza es una verdadera ciénaga pantanosa. Reconozcámoslo: hubo de todo. En el centro de la península, simplemente surgió como lengua vehicular y la incipiente industria cultural del área catalana obró en consecuencia ya en el XV y en el XVI adoptándolo para sus productos de exportación. En las periferias que tenían otra lengua, al principio irradió miméticamente en calidad de lengua que se comprende, pero tan apenas se habla; luego fue impuesta por el estado; luego llegó la emigración, la reforzó la globalización y se llegó a los datos que siguen, los cuales no pintan ni por asomo un panorama a la suiza.

Se quiera o no, las otras lenguas de España salieron claramente beneficiadas del régimen autonómico instaurado con la Constitución de 1978 y que ahora se está poniendo en entredicho (…).

La cuestión que ahora se plantea es la de si este acercamiento propiciado por la fase oyente de la lengua puede alcanzar a un espacio plurilingüe. En principio ello sería perfectamente posible a condición de que los oyentes comprendan la otra lengua, es decir la variedad lingüística foránea, como comprenden las demás variedades de su mismo idioma, las variedades lingüísticas de dentro. Así era el espacio lingüístico románico durante la Edad Media. Desde Finisterre hasta el estrecho de Mesina y desde Lieja hasta Barcelona se pasaba imperceptiblemente de una variedad a otra sin solución de continuidad. Con el tiempo, la literatura y los textos legales fueron agrupando determinadas variantes en torno a una norma común y surgieron las lenguas románicas: el gallego, el castellano, el francés, el catalán, el provenzal, el florentino… Pero aun así, ello no impedía la comunicación, como ponen de manifiesto abundantes testimonios relativos a justas poéticas celebradas en todas las lenguas romances a la vez o a compañías teatrales que llevaban su repertorio a lo largo de las rutas que cruzaban Europa (…).

Aunque las polémicas nacionalistas se han reavivado y en ciertas partes de Europa, como en la antigua Yugoeslavia, han visto desarrollarse cruentas guerras y matanzas, lo cierto es que dichos planteamientos están fuera de nuestra época y parecen condenados a la marginalidad histórica. Entiéndase bien: no es que la defensa de los nacionalismos minoritarios respecto a las naciones-estado carezca de sentido, es que ahora carece de sentido enfocarla contra la condición estatal de estas, pues la línea de argumentación ha cambiado. Cuando la lengua del estado es una lengua internacional, no se la justifica por ser del estado, sino por ser internacional, es decir, por su utilidad. Hemos llegado a una situación inédita: lo útil como ideología, el pragmatismo como valor supremo. Nadie discute ya que los galeses o los vascos tienen derecho a ser escolarizados en galés o en vasco, a ser atendidos en su lengua en los juicios y en el hospital, incluso, tal vez, a que con los impuestos de todos se subvencionen cadenas de televisión en galés y en vasco. Que estas reivindicaciones hayan sido satisfechas resultará sin duda inconcebible para la mentalidad de los hombres del siglo pasado, especie todavía no extinguida, por curioso que parezca. Pero si lo han sido, es porque ya no importa. ¿De qué sirve ser escolarizado en un idioma, cuando la publicidad, las películas, Internet, las canciones de moda, los canales de TV por cable … la vida, en suma, están en otro? El empecinamiento cultural ha dejado de ser una postura heroica, de resistencia frente a la agresión del más fuerte: nadie necesita decirles a los últimos mohicanos que su problema es que son poco prácticos, que están perdiendo dinero, que nunca podrán progresar; por desgracia, lo están comprobando ellos mismos. En un mundo de economía globalizada como el que estamos viviendo, se ha llegado a la siguiente paradoja: la única posibilidad que tienen las naciones pequeñas de conservar su identidad cultural sin quedar ancladas en la Prehistoria estriba en poseer una economía saneada, una tecnología punta y unas costumbres modernas, pero para ello deben acostumbrarse a vivir en una o varias lenguas internacionales que erosionarán inevitablemente su identidad cultural.

Se habrán dado cuenta ya de que lo que estoy proponiendo (desde López García, 1985, por cierto) parece ir en la línea de lo que luego otros autores han llamado plurilingüismo equitativo (…).

Plurilingüismo equitativo no es, ni por asomo, lo que suele haber en el mundo. Estados Unidos es un país federal y el español, que constituye la lengua materna del 15 % de sus habitantes, no está equiparado legalmente con el inglés, a pesar de que históricamente llegó antes a su territorio; menos derechos todavía se conceden a las lenguas indígenas. Gran Bretaña es una monarquía federal y, desde luego, no pueden compararse los derechos legales del inglés con los del escocés o los del galés. Alemania también es un estado federal, pero los turcos –un 10 % de la población- no tienen ningún derecho lingüístico. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito en los países democráticos, con más razón en los que no lo son (…).

Es sorprendente que el Estado no se haya planteado la necesidad de una política lingüística para todas las lenguas de su territorio. Tal vez la razón haya que buscarla en una errata consistente en que donde dice política con la lengua debe decir política lingüística. Porque en España llevamos mucho tiempo haciendo política con las lenguas. Aquí y allí, en un bando y en el otro (…).

Yo no sé qué pasará en los próximos días, menos aún que ocurrirá en los próximos años. Es posible que el estado español implosione y que al mismo tiempo estallen en pedazos las regiones bilingües que lo componían: es la pavorosa balcanización a la que aludía antes. Pero también puede suceder que lo pasado quede como una mera turbulencia que nos obliga a cambiar el rumbo de la nave. Si así fuese –y, desde luego, es lo que yo deseo– bueno será insistir en que hay que cambiar dicho rumbo. Tenemos un país peculiar, un país que siempre fue heterogéneo, pero también un país en el que las fuerzas centrípetas siempre acabaron predominando sobre las centrífugas. La unión de los pueblos a través de la posesión compartida de sus lenguas: he aquí un proyecto que merece la pena para los años turbulentos que vienen.

Si desea leer la laudatio y el discurso enteros, pinche aquí

Incluimos a continuación varias fotografías del acto de investidura. Si desea ver la galería de fotos, puede hacerlo desde aquí.

 

               Los nuevos Doctores Honoris Causa de la UNED entran en el salón de actos, acompañados por sus padrinos y por los Directores de los respectivos Departamentos.

 

               Ángel López García-Molins y Antonio Domínguez Rey.

 

                                    El Rector de la UNED, Alejandro Tiana Ferrer, entrega al nuevo DHC los símbolos de la distinción otorgada.

               Intervención de Antonio Domínguez Rey, padrino del investido.

Vista general del salón de actos.

Si desea ver la galería de fotos y el vídeo del acto, pinche aquí

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